Minas de Valdesotos

Quizás sean las minas que están más presentes en la memoria, ya que algunos vecinos del pueblo (fallecidos hace pocos años) las conocieron de primera mano.  Además debieron alcanzar cierta importancia:

Los mayores dicen que hubo tres minas en el cerro que cae desde el sur al arroyo Palancares, junto al camino por encima de la presilla de Valdesotos. De una (en el alto) se conoció entrada y chimenea; las otras más bien parecen catas.  Hoy solo quedan indicios, visibles junto al regajo de la curva del camino.

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Los puentes del Palancares

En apenas trescientos metros, en las cercanías del pueblo el Palancares tiene ojos, dos puentes y un azud junto al camino del Chorro.  El puente se apoya en dos pilares de pizarra, y siempre estuvo ahí para el paso de caballerías, pero de madera.

Dicen  que en la posguerra una crecida arrastró una gran encina que se llevó el puente; se reconstruyó en madera dándole más altura. En los ochenta se puso la estructura metálica actual, formada con raíles de ferrocarril, y se le dio más anchura, aunque no la suficiente para el paso de coches.

El azud lo construyó ICONA (como la presilla) a mediados de los años ochenta para el baño, hasta que una riada se llevó los cimientos (diez años después) y el agua pasaba por debajo. Con la muerte de ICONA, desapareció el posible  arreglo.

El puente de madera lo construyó hace 25 años un vecino con huerto en la margen derecha. Unos dicen que para no mojarse los pies, otros que para evitarse la vuelta por el camino de la presilla. El puente se ha mantenido, restaurándose cada vez que una crecida se lo lleva.

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Flores o copos

Las nevadas en abril tienen estas cosas. La nieve coge por sorpresa a los frutales, y les pilla con las flores puestas.

Copos y flores se confunden en manzanos y perales vestidos de blanco, creando imágenes muy bellas y sorprendentes, como estas tomadas en Puebla de Valles.

Afortunadamente, esta vez la nieve no trajo heladas, solo imágenes. Y sorpresa en una Semana Santa de tiempo irregular y apasionante.

La lluvia, aunque escasa, está viniendo bien al campo y a los pantanos que se recuperan lentamente.

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Vegetación acuática

Con frecuencia hemos insistido en lo seco y frío del invierno, con heladas que han matado las flores y han quemado la vegetación.

Pero nunca habíamos visto plantas acuáticas secas en el cauce del río que, aunque fluye se ve incapaz de mantenerlas verdes.  Quizás porque el hielo acabó con ella, a pesar del manto protector del agua.

Unas imágenes impactantes, por lo inusual, que hemos hallado en el cauce del río Palancares¡La Ribera está llena de sorpresas!

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Las minas de Tamajón y Retiendas

Así explica D. Eugenio Larruga el descubrimiento de una mina: “El 26 de marzo de 1.787 el intendente de Guadalajara comunica a la Junta de Minas que en el término de Tamajon hay indicios de carbón piedra, al parecer abundante. Confió su descubrimiento al regidor de la ciudad D. Juan de Lara y al presbítero, D Joseph de Miranda, maestro de Chimica en las reales fábricas, para que dirigiese las excavaciones.

Que hechas 2 excavaciones se encontró piedra de carbón. Que desde Tamajón a la Corte había un camino llano y seguro para el tránsito de carretas, que pueden llegar en tres días y medio y así surtir al público de Madrid sin excesivo coste. El 15 agosto 1780 una cédula real concede licencia a D. Juan de Lara para explotar la mina. D Joseph de Miranda halló una mina en un cerro próximo al camino de Retiendas, cortado por el Barranco del Sordo  y el arroyo de la Pradera. Se encontraron 3 vetas que ocupaban la altura del cerro”. No hemos  localizado el sitio.

En la Memoria de la Exposición de 1.827 sobre Productos de la Industria Española, se mencionan  «3 muestras de carbón piedra, 3 de material ferruginoso, 1 de mineral de hierro, …. sacadas de las minas de Tamajon, Retiendas, priorato de Bonaval, Ayllon y de La Mierla». 

En la ladera del arroyo San Andrés cercano a Bonaval, se intuyen dos oquedades que pueden corresponder a catas en los años cuarenta para  la posible extracción de carbón, que D. Jose  Torija Alonso cita en su artículo de 1.948.

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Minas en La Ribera

La memoria popular recuerda que hubo minas de carbón en Retiendas, Valdesotos y Tortuero. La leyenda habla de oro en el arroyo de las Damas (Tamajón). Hoy ninguna está en funcionamiento; la última se cerró en los años treinta. Las primeras noticias datan de 1.626: una cédula real del 11 de agosto recoge que “se descubrieron minas de oro, plata, y otros metales en el término de la villa de Tamajon (sitio de Retiendas), en el de la Encina (Hiendelancina) y en el lugar de Alcoclo (Alcorlo)”.

Aunque el Catastro del Marques de la Ensenada (1.752) incluía una pregunta sobre minas (la 17), no menciona ninguna en La RiberaD. Eugenio Larruga en “Memorias Políticas y Económicas sobre los frutos, comercio, fábricas y minas de España”  explica  el descubrimiento y puesta en marcha de una mina en 1.787 (lo contaremos).

Las siguientes noticias son del siglo XIX y proporcionan datos que permiten situar algunas, ayudados por la geología: hay tenues manchones del periodo Carbonífero (290 M. años), a orillas del río Jarama, del Palancares y en la desembocadura del río Tiendas en Bonaval. No obstante su ubicación es difusa; la reforestación con pinos y el paso del tiempo han ocultado las bocaminas. Algunos indicios (visibles) podrían responder a catas realizadas en la posguerra. Lo iremos viendo.

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Viernes de pasión

Y no lo decimos porque este viernes 6 de abril de 2.012  haya coincidido con la Semana Santa.

En Puebla de Valles, el día amaneció con nevada que dejó un manto de unos cinco centímetros. La primera del año, poca cosa, pero que supo a gloria después del frío y seco invierno.

A media mañana lluvia; chiri-miri y a ratos aguacero. A la hora del aperitivo, granizada intensa con pedriscos como canicas durante  media hora y que nos retuvo en el bar hasta las cuatro.

Por la tarde sol, nublos, más lluvia y otra vez granizo, ahora con pedriscos como perdigones. Y todo ello a ratos y de forma descontrolada.  Así el viernes resultó un día apasionante.

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Las chorreras

Son pocos los excursionistas que se acercan a Valdesotos y observan las preciosas chorreras que anteceden al Chorro, justo en la pared derecha de la poza.

Los que no lo conocen dirán que el visitante queda impresionado por la belleza del paraje y se olvidan del resto. La realidad es que en verano, cuando la gente acude en masa al baño, las chorreras desaparecen (como le pasa al Chorreon de Almiruete).

El arroyo Carrizal, nacido en la falda de Peña Cabezas, llega al Gazachuela y le vierte sus aguas desde una altura superior a 10 metros, formando esta preciosa cascada. Ahora, apenas es visible.

La mejor época es primavera, tras unos días de lluvia; entonces las chorreras lucen esplendorosas. Claro, que a lo mejor no puedes llegar por la crecida del arroyo que cubre el camino. Pero si insistes, lo conseguirás. ¡El espectáculo merece la pena!

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Misteriosa desaparición en Valdepeñas (III)

Iniciado el recorrido por el cauce del arroyo, a unos metros de la pista forestal (que cruzaba mediante dos tuberías), el joven encontró los restos de una cazadora. A un kilómetro de allí encontró trozos de un pantalón, y en el bolsillo una navaja cabritera. Ambos objetos fueron identificados por la mujer como pertenecientes a su marido.

Considerando estos datos surgió la versión que circula por La Ribera:

“Unos maleantes acecharon al hombre y le mataron nada más llegar al pinar (no se encontró leña cerca del burro). Le cortaron las manos para que no le identificaran y lo escondieron en la tubería bajo el puente de la pista. Las crecidas del arroyo le arrastraron aguas abajo.

Lo escondido del lugar y lo poco transitado de la pista impidió que se encontrara antes. De lo que deducen que los asesinos conocían el lugar y las costumbres del muerto”.

Esta historia ha sido referida por vecinos de Valdesotos. Alguno ha confesado que bebió agua del arroyo a unos metros del muerto, cuando el cauce era accesible. Hoy resulta imposible.

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Misteriosa desaparición en Valdepeñas (II)

Un año después de la desaparición, un pescador habitual de la zona encontró un esqueleto en un paraje inaccesible y agreste del arroyo de Gazachuela cuando lo remontaba desde el Chorro.  Asustado, y por no complicarse, decidió callar y se marchó a casa.

Pero tras dos días dándole vueltas, llamó al alcalde de Valdesotos y le informó del suceso. La guardia civil y el juez acudieron al lugar. Encontraron el cadáver sin ropa, puro esqueleto con algo de piel en la cara, al que faltaban las manos.

El forense dictaminó que la muerte había sido casual: al ir a beber en el arroyo, le dio un síncope  y cayó sobre el cauce; con las lluvias del invierno, fue arrastrado por las aguas”. Su estado era normal después de tanto tiempo a la intemperie y servir de alimento a las alimañas. Se identificó como el desaparecido y se cerró el tema.

La mujer no se dio por satisfecha con la versión oficial.  Buscó a un joven que conocía bien la zona y le pidió que siguiera el arroyo aguas, partiendo del lugar donde encontraron al burro hasta donde estaba el cadáver. ¡Ella necesitaba respuestas!

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