¿Cómo vivían los monjes en Bonaval?

El modo de vida cisterciense fue cambiando a lo largo de la Edad Media, si bien se mantuvieron las premisas de pobreza y soledad. La Regla de San Benito (ora et labora) regía la vida del Monasterio, aunque se eliminaron himnos, salmos, lecciones,..  para dejar más tiempo al trabajo manual.

La jornada venía marcada por las “horas canónicas”,  momento del día en el que  los monjes se reunían en el coro para cantar himnos y rezar. La campana y el reloj de sol ayudaban a controlarlas. Este podría ser el horario en Bonaval:

  • Maitines: Al levantarse, sobre la 2,30 horas
  • Laudes: Antes del amanecer se cantaban salmos, repitiendo entre ellos “laudate”. Entre las 5,30 y las 6,30 h, en verano ó invierno.
  • Prima: La primera hora después de salir el sol. Entre las 7 (verano) y las 8 (invierno). La campana daba un toque
  • Tercia: la tercera hora después de salir el sol, entre las 9 y las 10 de la mañana. Dos toques.
  • Sexta: Tres toques indicaban la hora del rezo al mediodía, a las 12 h.
  • Nona: a las 15 horas, cuando murió Jesucristo; dos toques.
  • Vísperas: A la puesta de sol, entre las 5 y las 7 horas, según estación. Tres toques.
  • Completas: Se celebraba en la primera hora de la noche. Después los monjes se retiraban a dormir (sobre las 6,30 h. en invierno y a las 8,30 en verano).

Los intervalos entre las horas canónicas se dedicaban al trabajo, lectura y meditación, oficios litúrgicos, comida y descanso, … que iremos contando.

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Tierra agradecida

Por una vez se está cumpliendo el dicho popular: “en abril, aguas mil”.  Nieves y lluvias abundantes  han colmatado el Pozo de los Ramos que deja escapar el agua por el Sorbe hacia el pantano de Beleña.

La tierra agradecida responde con pasión. Los trigales han crecido 20 centímetros en dos semanas, las plantas florecen y hasta la hierba comienza a resurgir en los rastrojos después del seco y frío invierno.

La primavera ya parece primavera.

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Desde lo alto de las chorreras

Al salir del Chorro, en Valdesotos, una veredita algo incómoda en la margen izquierda del arroyo sube hasta lo alto de las chorreras en apenas tres minutos (conviene escoger días en los que la cascada está activa).

Desde allí vemos como el arroyo del Carrizal sigue lamiendo las pizarras entre retamas y zarzas hasta darles ese aspecto tan  peculiar. Y como el agua se desliza entre líquenes y musgos para encontrarse con el cauce.

Si volvemos la vista hacia el sur, veremos el agreste paisaje por donde transcurre el arroyo Gazachuela (¿por qué le llamarán la Quebrada?) y detectaremos con precisión el canal tallado en la roca. Dan ganas de cruzar el arroyo y gatear por esas rocas.

¡Ni lo pienses! Es muy peligroso, lo digo por experiencia.

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Imágenes del Chorro

Esta bella cascada y su poza han sido fotografiadas desde diferentes ángulos, pero siempre en verano.

Las imágenes, de hace dos semanas, muestran El Chorro de Valdesotos con menos caudal pero igual de hermoso. Muestra lo agreste y abrupto del paraje, rodeado de pizarras y calizas.

Las fotos están tomadas desde lo alto de la poza y de la chorrera, en un día especialmente luminoso. ¡Para disfrutarlas!

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Bonaval: de abadía a priorato

La incorporación de Bonaval a Monte Sión la dicta el papa Julio II en su bula de 18 octubre 1.509. El documento (se conserva el original en latín) menciona una petición previa del rey Fernando a Inocencio VIII y que el dirigente de la Congregación (el abad reformador) era fray Lorenzo de Peñafiel. La incorporación no se produce hasta un año después, sin razón aparente, aunque podemos intuirla:

“Tras múltiples avatares, la redacción de las “Definiciones de la Congregación” (estatutos) se terminó en 1.551; hasta entonces Monte Sión fue sede de los Capítulos Generales donde se elegía al abad reformador. La sede se trasladó al Monasterio de Palazuelos, cerca de Valladolid, lo que generó fuertes tensiones.  El abad de Monte Sión pidió como compensación, y obtuvo, que el Monasterio de Bonaval pasase definitivamente a su monasterio como priorato”.

Un monje de confianza del abad, fray Xeronimo, se desplazó a Bonaval el 8 de agosto de 1.510 para tomar posesión de bienes y documentos, levantando un inventario exhaustivo, que ha llegado a nosotros gracias al Dr Jurado y que aporta información muy valiosa sobre la vida cotidiana de los monjes.

El Monasterio de Bonaval afrontaba una nueva etapa en la que primarían intereses económicos, continuando su decadencia.

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La reforma del Cister y Bonaval

La decadente situación del Cister empujó al Capítulo General a intentar en 1.418 una reforma desde dentro, que fracasó. Años más tarde, un monje del Monasterio de Piedra, Martín de Vargas, promovió la vuelta a los principio de la Orden;  para ello acudió a visitar al papa en 1.426,  sin permiso de sus superiores.

Obtuvo de Martin V carta de privilegios para crear y/o reformar dos Monasterios donde aplicar las reglas de San Benito en su pureza. El primero fue Monte-Sión (fundado el mismo año); Valbuena fue el segundo después de que el rey Juan II de Castilla depusiera al abad en 1.430.

El Monasterio de Valbuena, como casa matriz, intentó incorporar sus cenobios a la llamada Congregación de Castilla. El Capitulo reaccionó contra Martín Vargas, expulsándolo del Cister (1.439) y ordenando que se vendieran las propiedades de Monte-Sión. Lo obtenido se entregaría a Bonaval (en precarias condiciones según el Dr Jurado). No se llevó a cabo.

Los Reyes Católicos, cansados de los abades comendatarios, obtuvieron del papa que los reformadores visitaran los cenobios del Cister. Así fueron incorporándose a la Congregación uno tras otro, siendo el último Belmonte en 1.559. El Monasterio de Bonaval lo hizo en 1.509 como priorato a la abadía de Monte Sión, según bula del papa Julio II de fecha 18 de octubre.

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Mercado medieval de Tamajón 2.012

Este mercado es anterior al Señorío de Tamajónmencionado por primera vez en una carta de 1.289 del rey Sancho IV otorgando a la villa la exención de portazgo, según indica el Dr Jurado.

Fue su padre, Alfonso X el Sabio, quien le  concedió en 1.259 el “derecho de mercado todos los martes del año” en carta que se conserva en el archivo municipal. Este año  Tamajón celebrará su XIV edición del recuperado mercado medieval  el 28 de abril (un año más cambia la fecha; así será difícil que se consolide).

Desfiles de tropas, combates de caballeros, cuenta cuentos, exhibición de aves rapaces, magos, echadoras de cartas, danzantes, sacamuelas, charlatanes, tiendas medievales, tenderetes con productos de la tierra, defensa de la villa, juegos malabares, másica callejera,…  llenarán la Plaza mayor, la calle de Enmedio y los alrededores de la iglesia.

Talleres de quesería, de forja y herrería, exposición de instrumentos quirúrgicos y artillería medieval,  documentos antiguos en el Palacio de los Mendoza (sede del Ayuntamiento),… Un día especial, que siempre podrás completar con una excursión por los alrededores. ¡Un día diferente!

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Aguas de primavera

La Semana Santa vino pasada por agua (y nieve) y La Ribera se alegró, después del frío y seco invierno. Los pantanos (El Vado, Beleña y Pozo de los Ramos) recogieron agua para el verano, negándose a soltarla. Suerte que Jarama y Sorbe tiene afluentes que les abastecen.

Las lluvias y las nieves han vuelto este fin de semana. La Sierra de Concha y el Pico del Ocejón amanecieron el sábado vestidos de blancos. Continuó lloviendo todo el día para alegría de ganaderos y agricultores, aunque el turismo se ha resentido por el mal (buen) tiempo.

En las cárcavas rojizas de Puebla de Valles, el agua busca reguerillos en la arcilla formando cascadas cantarinas de vida breve y curiosa estampa por el contraste de colores. El Jarama se desborda mientras alisos y álamos echan sus primeros brotes. Bellas estampas que se disfrutan más “in situ”.

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El canal del Chorro

En la margen derecha del arroyo Gazachuela, por encima del Chorro, existe un canal tallado en la roca de  40 cms de ancho y 60 cms de profundidad, si bien en algunos tramos falta la pared lateral. Quizás por eso nadie de Valdesotos ha visto correr el agua por él, o quizás nunca funcionó.

El canal va desde la cascada llamada “Chorro alto” hasta la balsa en curva frente a las chorreras. Tras recorrer 50 metros, cae en vertical  sobre el cauce desde una altura superior a diez metros.

Unos dicen que es producto de la erosión, pero en algunos rincones se ve la huella del hombre. Otros dicen que se construyó para alimentar un molino (algunos recuerdan la piedra en el arroyo) pero no hay restos ni documentos que lo corroboren.  Incluso hay quien afirma que se hizo para alimentar una noria.

No tenemos opinión sobre su origen. Pero merece una visita; el paisaje y las vistas son maravillosos.

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Tortuero y sus minas

El diccionario Madoz (1.850) sitúa una mina de carbón piedra en Tortuero. Francisco P. de Mellado en Enciclopedia Moderna de 1.853 lo ratifica. Se conserva memoria de tres minas (dicen que había otra de hierro), situadas en las cercanías del arroyo de las Majadillas, que estuvieron  en explotación hasta la guerra civil.  Gozaron de cierta importancia, con casa del capataz  (la casa del Palancar)  y crimen incluido (unos ladrones fueron a robar y el guarda les hizo frente, siendo muerto de un trabucazo).

Las minas están perdidas en el pinar y no son accesibles. La casa, en ruinas, sorprende por la calidad de construcción: con sillares de caliza en las esquinas y sillarejos (pizarra y caliza con argamasa) en muros y tabiques. Puertas, ventanas y balcones bien perfilados,  con vigas de madera en dinteles y techo.

Tiene forma rectangular, con dos entradas, dos pisos y patio, que pudo hacer las veces de cuadra (se observa un canalillo que servia para desagüe) y/o almacén. Unos metros por debajo, hacia el arroyo, se ven los restos de una caseta y el murete que rodeaba el edificio.

A pesar de su abandono (hace más de 75 años) se conserva en pié. Si deseas acercarte, la ruta “Barrancos de Valdesotos” de la guía “Veredas y caminos de la Ribera” te llevará.

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