Estos inteligentes insectos, pasada la época de abundancia que supone el verano, aprovechan el otoño para completar su despensa y limpiar el hormiguero. Lo airean y sacan al exterior los desechos, creando curiosas y bellas imágenes: hormigas recorriendo bellotas, el circo de un volcán, …
Me fascinan estas escenas y creo que merece la pena dedicarles unos minutos (al menos una vez al año). Me ayuda a tomar conciencia de nuestra insignificancia frente a la Naturaleza.
La fiesta de Todos los Santos y la noche de ánimas provienen de una costumbre celta del siglo III a.c. Nuestros antepasados creían que esa noche las almas unidas en Santa Compañía bajaban a la tierra y vagaban por los caminos en busca de su destino; quien se topara con ella estaba condenado a sumarse al grupo. Para evitarlo colocaban lámparas de aceite en los cruces de caminos.
En los pueblos de La Ribera se colocaban candiles a la puerta de iglesias y ermitas que quedaban abiertas toda la noche. Cientos de velas alumbraban el interior de las ermitas del camposanto, mientras las campanas tocaban “a muerto” a intervalos regulares (CLAMORES). En algunas iglesias (Puebla de Valles) se ponía una mesa con mantel negro con una calavera y huesos auténticos, alumbrada por candelabros a los lados.
Los mozos hacían puches (gachas dulces de harina) y recorrían las calles del pueblo invitando a los transeúntes. Con las sobras tapaban las cerraduras de las puertas de amigos y vecinos para impedir que los malos espíritus y las desgracias entrasen en la casa.
La costumbre se ha perdido y ahora lo que prima es la noche de Hallowen. Este guardián etéreo se entristece al comprobar que cada año perdemos algo de nuestra cultura que nunca volverá.
Fiel a la tradición, el Tenorio recorrerá una vez más las calles de Guadalajara. La adaptación de la obra a la época de los Mendoza (siglo XVI), el traslado a pie hasta los escenarios ubicados en edificios emblemáticos y la calidad de los actores (profesionales y aficionados), lo convierten en un espectáculo único.
Lo que empezó siendo una broma de los Amigos de la Capa en el año 1.992 (Fernando, ¡como te echamos de menos!) se ha convertido en una convocatoria que suma miles de espectadores. Tantos que son necesarios dos días, 30 y 31 de octubre. Hora de comienzo, las 9,30.
Las 7 escenas (Hostería del Laurel, casa de Doña Ana, Celda de Doña Inés, Quinta de Don Juan, Panteón de la familia Tenorio, aposentos de D. Juan y Panteón de los Tenorio II), se representarán en el Palacio del Infantado y en el convento de la Piedad. La proximidad entre ambos, facilita que los espectadores puedan asistir a todas las escenas.
Guadalajara alcanza así uno de los momentos más sublimes del año. ¡Inolvidable!
Nuestra puebla solo es visible desde los miradores (de las Pequeñas Médulas, del Mego, de la Reina) o desde la carretera de Valdesotos. Su imagen es inolvidable, sobre todo en otoño. La combinación de colores (rojos, verdes, ocres, marrones, grises, blancos, … ) y los diferentes paisajes que se observan desde cualquier mirador, dan para escribir un poema.
Tranquilo, no lo voy a hacerlo. Yo pongo la foto y la poesía ya la escribes tú.
Solo las bellotas de encina son dulces; se comen crudas ó asadas a la brasa (hay que hacerle una raja, como a las castañas). Los robles además de bellotas amargas dan unas bayas esféricas del tamaño de una nuez. En realidad son el producto de la infección de un hongo, que sitúa dentro sus esporas.
A este trotamundo de La Ribera aún le sorprende encontrar rincones desconocidos con un cierto encanto que los hace diferentes. Como el mirador de las encinas, una atalaya rodeada de robles y encinas desde la que divisa la vega del Jarama. Un espectáculo de paisaje y color en estos tiempos de otoño.
El camino sale a la izquierda desde la carretera de Puebla de Valles a Valdesotos, en la meseta conocida como el “Llano de las Liendres” (no se porque se llama así, aunque me lo imagino) y lleva al mirador.
De hecho todo el paseo (termina en un grupo de olivos, apenas 20´) es un mirador con vistas de la cuerda de Peña Cabezas y el Ocejón. A la vuelta, imágenes de las encinas, las cárcavas y el pinar.
Ubicado en el cerro del Llanillo, Canrayao observa la vega mientras el arroyo corre presuroso a sus pies en busca del Jarama.La tradición dice que Canrayao fue abandonado dos veces: en la Edad Media por la peste y en la segunda mitad del siglo XIX por una invasión de hormigas y/o el envenenamiento masivo por un mozo despechado.
(Un bonito cuento narra las dos versiones de esta leyenda, según recoge el libro “Puebla de Valles, usos costumbres, cuentos y leyendas” publicado por AACHE ediciones).
El Libro de la Montería de Alfonso XI (siglo XIV) lo menciona y aparece en las Relaciones Topográficas de Felipe II de Matarrubia (siglo XVI) : «Ay en su termino vn sitio despoblado que se dice Canrayado; no se sabe de su poblacion, ni por que se despobló, ni por que se llama deste nombre». Algun autor afirma que la pila bautismal y una de las campanas fueron llevadas a la iglesia de Matarrubia.
Hoy solo existe la fuente y los cimientos de casas y corrales que permiten vislumbrar la distribución de calles yplaza. Hasta la guerra civil se mantuvieron de pie algunos paredones de la iglesia y corrales.
No voy a cantar las excelencias de la casa que protejo y guardo (que las tiene), sino las bondades de un portal de turismo rural profesional, con estilo y comprometido. En estos momentos de crisis, gente así es una garantía para los clientes que buscan casa rural y para los propietarios que comparten sus valores.
La agilidad, sus constantes mejoras (ofertas, redes sociales, rotación de casas en provincias, búsqueda por fechas, ligereza de las páginas,…) y el trato personalizado son una muestra. Las caídas, la ralentización y los fallos en las búsquedas, típicos de otros portales, aquí no existen.
La fiabilidad de la información, una imagen impoluta en sus ocho años de vida y el cuidado en la selección de casas (prima la calidad frente a cantidad) son una garantía para los clientes. Como lo son la seriedad en el cumplimiento de sus compromisos y la corrección en la gestión administrativa para los propietarios.
No, no llevo comisión. Reconozco que son amigos,de lo que me siento muy orgulloso.
Esta madrugada del 25 de octubre se atrasa el reloj una hora (a las 3,00 el reloj se pondrá a las 2,00) para recuperar aquella que se adelantó en marzo; dicen que así ahorramos energía, aunque yo no estoy tan seguro. La medida afecta a todo el imperio. Perdón a toda la Comunidad Europea, ¿en que estaría yo pensando?
¡Aqui no se puede cambiar la hora !
En el siglo I a.c. cuando Roma dominaba el mundo, se creía que el año tenía 365 días, lo que acumulaba un retraso de casi 6 horas cada año. Julio Cesar puso orden en el calendario y creó el año bisiesto, con un febrero de 29 días cada cuatro años. Luego lo impuso en todo el imperio.
Pero en el siglo XVI se supo que el año tenía 365 días, 5 horas, 48´ y 48”, por lo que el calendario Juliano acumulaba un adelanto de 10 días. Otro dominador del mundo, el papa Gregorio XIII, ordenó que en el año 1.582 al mes de octubre se le quitasen 10 días: del día 5 se pasó al día 15. Además mandó que solo uno de cada 4 años acabados en 00, fuera bisiesto (lo ha sido el 2.000, pero no 2.100, 2200 y 2.300). Luego lo impuso en la Comunidad Católica.
Como verás, en La Ribera tienes excursiones para elegir:
El Sorbe furioso
En otoño Almiruete es un cuadro de vivos colores. Recorre el pueblo y las 4 rutas breves. O bájate al Pozo de los Ramos.
Muriel te ofrecerá otra visión del Sorbe (no te pierdas Pozorredondo, la vereda del Sorbe con su molino y el pantano de Beleña).
El pueblo abandonado de Sacedoncillo, en otoño es otro mundo. ¡Alucinante!
En Alpedrete recorre las rutas mínimas ó visita las casas del Reduvia.
Las fuentes del Cubillo y del Pilar (magnificas vistas de las cárcavas) te esperan en Valdepeñas.
La Asomada y excursiones desde el Puente del Culebro son alicientes otoñales de Puebla de Beleña. Pero si llueve abundantemente, no te pierdas las lagunas.
El cañón de Tortuero y la presilla espectaculares en otoño, son razones poderosas para recorrer el pueblo y esos rincones tan suyos.
Una vez un conocido me pidió que eligiera una excursión por la Ribera, ¡Solo una! No lo hice y aún no lo entiende.