… cuando las botargas recorrieron sus calles con las mascaritas del brazo.
Y luego se dieron unas vueltas triunfales por la plaza, para que todos admirásemos su singular belleza.
La pose para la prensa y los turistas puso punto y aparte para los visitantes, que discretamente se fueron retirando. Ahora la fiesta pertenecía a los vecinos.
Lar-ami
Almiruete estaba triste …
… aquella tarde. A pesar de ser carnaval y el día grande de las fiestas. ¿Por el tiempo?
Las botargas bajaron apesadumbrados del monte.
Les faltaban el sol y … sus mascaritas. ¡Y a por ellas fueron!
Lar-ami
Dicen del camino de la Hoz
A veces me preguntan por qué esta ruta se llama “Camino de la Hoz”. Desde tiempo inmemorial ha sido la vía de comunicación de Tortuero con la vega del Jarama.
Algunos dicen que se debe a que era el camino que seguían los hombres cuando bajaban a segar a la vega (hay que recordar que el molino estaba situado aquí).
Aunque la conjetura es muy linda, los mayores creen que el nombre se debe a la forma del cañón por el que transcurre el río Concha: hay varias curvas, que según desde el punto de observacion conforman al menos dos hoces.
Las fotos así lo sugieren. Para comprobarlo, basta acercarte y hacer la ruta hasta el pueblo. ¡No te decepcionará!
Lar-ami
Artesanos en el siglo XVIII
La artesanía del siglo XVIII en La Ribera era rudimentaria y estaba muy ligada a necesidades básicas de las gentes, según detalla el Catastro de la Ensenada. Sastre, zapatero, herrero, albañil, … eran oficios comunes. 
Había sastre en Tamajón (2) que cobraban por año (1.100 reales) y en Valdepeñas, que recibía 5 reales por día trabajado. Zapaterías en Valdepeñas y Puebla de Valles; debían ser prósperas, ya que contaban con maestro y oficial (2 en Puebla) y buenos sueldos (6 reales el maestro, que duplicaba el de los oficiales).
El herrero, además de los trabajos de forja, componía tinajas y hacía de cerrajero. A veces estaba contratado a sueldo por la villa (en Puebla de Valles a 3 reales/día), otras por los vecinos (36 fanegas de trigo en Puebla de Beleña) y en ocasiones era ambulante, cobrando por trabajo realizado (Beleña). Tamajón también disponía de un herrador.
Maestro albañil (maestro de obras) había en Valdepeñas (2) y Puebla de Valles, con un sueldo de 6 reales diarios; no había oficiales ni peones. En Tamajón había un taller de cantería, con maestro (6 reales de sueldo), oficial (5) y aprendiz (sin paga).
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Las fuentes del camino de la Hoz
El incendio que calcinó 1.600 Has de monte en Tortuero, también afectó a elementos construidos por el hombre: caminos, corrales, parideras,… que muy deteriorados, serán irrecuperables.
Como ocurre con las fuentes del camino de la Hoz. Desprovistas de su función primordial (dar agua a los transeúntes, personas y ganado), solo se justificaban porque siempre estuvieron ahí, no molestan y queda bonito.
Ahora, salvo que las administraciones perciban su valor etnológico y su aportación a la historia del pueblo, están condenadas a desaparecer. Y perderíamos parte de nuestro acerbo cultural que no nos pertenece, solo somos sus guardianes para que lleguen a las futuras generaciones.
Lar-ami
La nieve en Puebla de Valles
La dificultad de moverse por el casco urbano (aquí no llegan los quitanieves; cuando vienen se limitan a despejar la carretera) impide que algunas imágenes de Puebla de Valles nevada sean conocidas.
El casco urbano, desparramado sobre laderas, ofrece sus mejores perspectivas desde miradores en medio de la nada y de difícil acceso. Algunos en su afán de obtener fotos preciosistas han sufrido incidentes que serán recordados por años.
Como aquel foráneo que al saber de la nevada, cogió raudo su cámara y marchó hacia Puebla. Cuando llegó se dedicó a recorrer el casco urbano y sus alrededores para tomar imágenes desde todos los ángulos posibles. Al final de la tarde decidió volver… pero no podía salir del pueblo. 
Menos mal que un tractor lo remolcó hasta sacarle. ¡Se le olvidó que el acceso a Puebla de Valles es por una cuesta de fuerte pendiente!
Lar-ami
Profesiones liberales en el Catastro de la Ensenada
En el siglo XVIII no existía este concepto, pero de alguna debemos agrupar los oficios de La Ribera que no pueden encuadrarse en propietarios, religiosos o sanitarios, pero que tenían un estatus parecido.
El escribano (fiel de fechos) recogía en actas lo relativo al municipio que debiera comunicarse a instancias superiores; por ello se valoraba más que tuviera buena letra que una gramática correcta. A veces el escribano atendía a pueblos vecinos (cobrando), como el de Valdepeñas que subía a Alpedrete. En Puebla de Valles lo pagaba el ayuntamiento ((2.200 reales/año), mientras que en Tamajón debía completar sus ingresos comprando lanas finas para comerciantes de Madrid.
En Tamajón había un “mercader de paños, lienzos, sedas y demás zarandajas” que vende al por mayor, con capital suyo y ajeno, y obtiene ganancias de 2.160 reales/año. También compraba lanas por cuenta de un mayorista de Madrid, obteniendo un beneficio estimado de 600 reales/año.
Un caso peculiar es Alpedrete, donde había recaudadores de impuestos y así se menciona en el Catastro de la Ensenada: los diezmos de menudos estaban arrendados a un vecino del pueblo y el diezmo de corderos a una persona de Valdepeñas.
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Tras el incendio
Han pasado 7 meses desde el pavoroso incendio que calcinó 1.600 Has en La Ribera, y que afectó especialmente al término de Tortuero.
A pesar de las abundantes lluvias de este invierno, con temperaturas aceptables, no se aprecia la regeneración del monte. Las fotos no engañan.
Dicen los expertos que el matorral mediterráneo tarda, al menos, 10 años en recuperarse de modo natural. Pero el monte es algo más: árboles, caminos, puentes, tainas, parideras, corrales, personas, … Su recuperación será lenta y en algunos casos imposible. 
Como la gente de los pueblos afectados, que perdieron mucho más que patrimonio. Algunos explican que hay que saber esperar, que la naturaleza es sabia. Pero se olvidan de que por edad, hay personas que no disponen de tiempo.
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Olivos en la nieve
Nadie discute que el olivo es un árbol que requiere clima mediterráneo. Por eso sorprende que, desde siempre, abunde en La Ribera conviviendo con cañones, riscos, jaras, retamas, …
Pero algunas imágenes, aunque se repiten cada año, resultan llamativas.
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Curas, clérigos y sacristanes en siglo XVIII
El cuidado de las almas en La Ribera dependía del párroco del lugar, si bien Beleña confiesa que no tiene cura… por ahora. Algunos atendían además pueblos vecinos: desde La Mierla se llevaban Muriel y Sacedoncillo; desde Puebla de Valles, Valdesotos. El Catastro de la Ensenada refleja sus nombres, precedidos del Don.
Su sueldo era abonado por la iglesia, que recaudaba a través de impuestos específicos, los eclesiáticos. En algunos casos el ayuntamiento pagaba al cura por año (en Muriel, 15 reales y 17 maravedíes) o por servicio (Alpedrete daba 4 fanegas de trigo y 4 de centeno por tocar la campana por niebla y pedrisco).
El número de habitantes justificaba que en Tamajón hubiera 2 sacerdotes
y en Valdepeñas 2 más un clérigo menor; pero no hay razón aparente para que hubiera 3 en Puebla de Valles. En Valdesotos había sacerdote y clérigo menor (eran hermanos) y en Tortuero solo un clérigo menor.
Se menciona el convento franciscano de Tamajón, con 12 sacerdotes, 3 legos y 1 donado. Asimismo se indica que hay una casa de los Bernardos de Montesión con un religioso que administra la hacienda de Bonaval en el lugar.
El sacristán era una figura imprescindible en los pueblos. Su sueldo oscilaba entre los 365 reales que cobraba en Tortuero (a tiempo parcial) hasta los 1.500 en Puebla de Valles (dedicación completa). En Tamajón ejercía además como maestro de primeras letras y de escuela, cobrando de los padres de los niños mil reales año.
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