Danzantes y botarga de La Mierla (II)

Por la mañana, los danzantes salían por las calles de La Mierla y en cada casa bailaban una tocada. Cada familia daba lo que podía, muchas veces una perra chica (5 cts) ó una perra gorda (10 cts).

Los danzantes formaban un cuadrado, se acercaban a su vecino (en el vértice del cuadrado)  y chocaban los palos; luego se giraban y repetían con otro danzante, ó  con el mismo, según el paso. Después se cambiaban de sitio  según marcaba el ritmo del tambor.  Mientras,  el botarga por fuera del cuadrado jugaba con los niños y/o pedía al corro de curiosos una limosna,  amenazándoles con la cachiporra.

Después de la misa se organizaba la procesión del Santo Niño, cuyas andas llevaban los cuatro danzantes mientras el botarga bailaba delante del paso. Por la tarde los miembros de cada casa se sentaban en los poyetes (hoy desaparecidos) alrededor de la plaza y los danzantes hacían una tocada delante de cada familia, que les correspondían con una limosna, no más de 2 reales.

Luego los mayordomos ofrecían limonada, vino y rosquillas del santo a los asistentes.  La costumbre se perdió con la guerra.

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Danzantes y botarga de La Mierla

Danzantes de Valdenuño Fernandez; cortesia de su alcalde

La fiesta del Santo Niño se celebraba en algunos pueblos de Guadalajara el 20 de enero y hoy solo se conserva en Valdenuño Fernández (datada en 1.721, se ha trasladado al domingo después de Reyes). El maestro López de los Mozos la describe en su libro Fiestas tradicionales de Guadalajara”.

En La Mierla la fiesta la organizaban los mayordomos elegidos por los jóvenes. Para recaudar fondos iban casa por casa pidiendo la cuota (dos reales, 0,5 ptas); con esto más lo recogido por la botarga cubrían gastos. Los danzantes eran cuatro más el tamborilero y el botarga; sus integrantes se mantenían durante años. Aunque ensayaban durante todo el invierno, solo salían el 20 de enero.

El botarga vestía un traje de color rojizo amarillento, con lagartos verdes bordados en mangas y perniles; de su cintura colgaban  varios cencerros. Llevaba gorro de pana y máscara de tela, que solo se ponía cuando correteaba detrás de los niños y les amenazaba con una cachiporra de crin de las mulas (aún existe el traje).

Los danzantes y el tamborilero llevaban ropa de fiesta con camisa blanca, cintas y bandas sobre el pecho. Nos falta contar como se desarrollaba la fiesta, pero esto lo haremos mañana.

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Valdelacasa

El término de Puebla de Valles, desde la carretera de Valdesotos hasta su límite con Valdepeñas, está cruzado por cuatro valles (Del lugar, Valdelacasa, Muradiel y Canrayao) y algunos barrancos (Arenal, Hocino,..) de naturaleza arcillosa y verticales al Jarama, en cuya vega desembocan.

Valdelcasa tiene algunas peculiaridades que lo hacen diferente: 

  • Es el valle más alto
  • Va en paralelo a la carretera de Puebla un buen trecho, desde su nacimiento en el pinar del empalme hasta la cuesta de acceso al pueblo.
  • Caminos lo recorren por arriba, en ambos márgenes, y por el cauce.

Cualquiera de las rutas ofrece unas vistas espectaculares. Vean y juzguen. En La Ribera abundan.

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Botarga de San Sebastián

Las botargas de San Sebastián salían el 20 de enero y días aledaños. Aunque antaño había varias (Montarrón, Mohernando,…) que el maestro JR López de los Mozos recoge en su libro Fiestas Tradicionales de Guadalajara”, ninguna tan curiosa como la botarga de Valdepeñas de la Sierra

Tenía un carácter pacífico y su misión era recoger limosnas por el pueblo, bien en metálico o en especie: garbanzos, alubias, patatas, trigo, aves de corral, conejos,… Salía la víspera con un tambor, que tocaba constantemente, y recorría las calles durante los dos días que duraba la fiesta. El dinero se destinaba a comprar cera para el monumento y la Semana Santa.

El hecho de tocar el tambor y su aspecto (sin careta y sin la cara pintada) es lo que hacían peculiar a esta botarga de Valdepeñas. La tradición también se perdió con la guerra.

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Zorrerías

La zorra era la alimaña predominante en La Ribera, ante la ausencia de lobos (desaparecieron a finales del siglo XIX)  y la abundancia de ganado. Por ello, en algunos pueblos su figura tenía connotaciones muy particulares. Como en Valdesotos.

  • Para cazar la zorra, los jóvenes ponían lazo en los lugares de paso y cuando cogían alguna, la paseaban por el pueblo, viva o muerta. Los vecinos les regalaban huevos ó algunas monedas.
  • La noche de San silvestre, se apagaba la luz y la zorra entraba en el baile buscando las uvas. Un mozo, vestido con pieles y unas trébedes a la espalda con velas encendidas, entraba en el baile a cuatro patas, buscando las uvas. De su cuello pendía una cuerda de la que tiraba otro mozo que  gritaba “busca, busca,… “ .

La zorra  perseguía a las mozas para levantarles el vestido, entre las risas de la concurrencia.

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La procesión de los hombres…

… se celebraba el día 20 de enero en Puebla de Valles. La Hermandad de San Sebastián, constituida solo por hombres y cuyo símbolo era una tacita de hojalata para el vino, sacaba la estatua del santo ubicada en la hornacina derecha del altar mayor de la iglesia. La costumbre y el santo se perdieron con la guerra.

En realidad la fiesta comenzaba la víspera con la matanza del carnero, que guisaban entre todos en la casa del hermano mayor. Dos grandes calderos de cobre servían para la caldereta con arroz y la chanfaina (guiso de patatas con los bofes, hígados y huevos duros). Luego los hermanos se reunían en la casa de la villa, donde comían y bebían a destajo durante los dos días.

Después de la comida del día 20 celebraban Junta y elegían hermano mayor, al que se traspasaban  los utensilios de cocina y la campanilla, mientras el nuevo maestre recitaba a modo de ritual: LO QUE HACE FALTA ES QUE NO OS LA TENGA QUE TOCAR A DELGUNO.

Y es que cuando moría un hermano, todos acudían al entierro, so pena de multa, y se iban relevando para llevar a hombros el ataúd al cementerio (pasaban todos), mientras el hermano mayor iba detrás tocando la campanilla.

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Un rincón diferente

La Ribera está llena de rincones con encanto, diferentes, auténticos, donde la naturaleza actúa con absoluta libertad, sin que la mano del hombre le afecte.  La ruta verde (véase blog 2 y 3 de agosto 09) guarda decenas de ellos y la mayoría tienen que ver con el agua. Como este rincón del arroyo Concha.

Tras recorrer alocadamente la Hoz desde Tortuero, el arroyo se tranquiliza y continúa en paralelo a la ruta verde (GU1065) para ir al encuentro del Jarama.  A la altura del km 1,8, sale un camino a la izquierda que se dirige al arroyo, distante cien metros, en busca de un paraje que el agua y la vegetación embellecen.

El camino lo cruza y sigue hasta el Jarama en otro rincón muy bello, que antaño las gentes de Valdepeñas cruzaban para dirigirse al Molino de La Huelga, ya en el término de Puebla de Valles. Pero esto lo contaremos otro día.

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Fiestas de San Antón

Ermitaño, nacido en Egipto en el siglo III, San Antón (San Antonio Abad) es el protector de los animales y su fiesta se celebra el 17 de enero. Ese día, después de misa, el cura bendecía a los animales. Ahora la costumbre solo se conserva en algunos sitios, más como atracción que como acto religioso (Madrid).

En Valdepeñas la misa era por la tarde y la bendición de animales se celebraba en la explanada de la iglesia; algunos mozos acudían con sus yuntas de mulas enjaezadas. Tras el acto, todos bajaban a las eras (situadas al final de la calle del mismo nombre). Allí los jóvenes competían por mostrar su habilidad en el manejo de las yuntas.

Tentaciones de San Antonio Abad (El Bosco)

Poniéndolas en pareja, cogían la cincha de la primera mula con la mano izquierda y saltaban por encima de ellas sin rozarlas. Luego aumentaban la dificultad, situando mulas de diferente alzada o colocando tres seguidas. El ganador recibía los aplausos de todos y la admiración de las chicas.

En su honor los mozos celebraban una merienda con chuletillas de cordero y cabrito, bien regadas con vino de la tierra.  

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Días de nieve

Laguna de Tamajón

Cada año nieva en La Ribera, al menos una o dos veces, aunque con el cambio climático la nieve dura poco. No como antes, que los campos estaban blancos durante semanas. La vida en nuestros pueblos se ralentizaba.

Barranco de la Hoz (Muriel)
Sacedoncillo (Muriel)

Los hombres, tras echar de comer a los animales de lo guardado (heno, almortas, ramas de chopo, paja, bellotas…) pasaban el día en las almazaras o en las tabernas. A las mujeres nunca les faltaba el trabajo, si bien no salían a lavar al arroyo ó a coser al sol. Los chiquillos en la escuela, donde llevaban de casa una latilla con ascuas para soportar el frío.

Pero aunque ahora los días de nieve escasean, nos dejan estampas muy bellas, accesibles y poco conocidas.

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Cruceros y pairones

Los cruceros son monumentos religiosos de origen popular, construidos en piedra y situados en los cruces de caminos y atrios de iglesias. Van desde una sencilla cruz hasta capillitas con imagen dentro. Surgieron en Galicia en el siglo XIV,  se extendieron por España y America y alcanzaron su auge en el siglo XVII.

El pairón es una columna de piedra culminada por una cruz de hierro o una esfera de piedra. Típico de Aragón y zonas fronterizas, está ubicado a la entrada de los pueblos, como muestra de la piedad de su gente y para fomentar la oración en los viajeros.

En La Ribera tenemos constancia de dos cruceros en La Mierla (frente a la iglesia y en la cruz de San Roque, donde aun está el pedestal) y otros dos en Tamajón (frente a la ermita de la Soledad y frente a la iglesia), todos desaparecidos.  En Tamajón también se conserva un pairón a cien metros de la iglesia junto a la carretera, y una capillita en Alpedrete, en el cruce de la pista que va a la presa de la Parra.

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