La tradición dice que la ermita del Altorey fue construida por los Templarios, allá por el siglo XII, junto con un convento, y que sustituía a otra anterior mencionada en 1.197 como “Casa del Señor de la Majestad”. Un sillar en la bóveda de la ermita apoya esta leyenda.

Otra leyenda cuenta que unos monjes, cansados de subir a la ermita del Alto Rey y sufrir las inclemencias del tiempo, decidieron construir otra en la Pradera de Santa Coloma, en Bustares, lugar más templado y llano. Comenzaron la obra pero lo que construían durante el día, se caía por la noche. Cuando consiguieron acabarla, trasladaron a ella las imágenes. Al día siguiente, todas aparecieron de nuevo en la vieja ermita.
Dicen que en la primitiva ermita había un campanillo de oro, con un sonido propio y tan penetrante que se oía en todos los pueblos de la Sierra del Altorey. Cuentan que servía para llamar a fuego, a perdidos, arrebato, … en caso necesario. Cuentan que la ermita estaba guardada durante la noche por un gato, que se escondía por el día entre unas ruinas cercanas donde estaba la calavera con piel de un hombre. Así lo contaban los romeros.
La mayoría de estas leyendas, con su explicación antropológica, están publicadas por Pedro Vacas en el nº 39 de Cuadernos de Etnología de Guadalajara.
Lar-ami
La casa que protejo y guardo,
No solo hemos actualizado 





Mención aparte merece el
“La mañana del 24 de Junio, los Juanes del pueblo acudían al olivar más cercano con los niños nacidos en el año y sus padres. Un Juan cogía al chiquillo y lo pasaba por entre el hueco del olivo, siendo recibido por otro Juan, mientras musitaban unas palabras. De esta manera el niño recibía la bendición y protección del Santo.”
