Ornitología (de pájaros y otras aves)

ADEL Sierra Norte organizó un curso de “Monitor de la naturaleza especializado en Ornitología”, que ha impartido la empresa EINS en el centro de interpretación del Parque Natural del Barranco del Río Dulce.

Dirigido a expertos en naturaleza y turismo, el objetivo era transmitir las bases para que la observación de aves actúe como incentivo para atraer visitantes que aporten ingresos y se potencie el desarrollo sostenible a la Sierra Norte.  Además de crear una expectativa de trabajo a jóvenes y desempleados.

El curso, de 90 horas con una fuerte componente práctica (al 50% ), incluyó sesiones de anillamiento, diseño de itinerarios ornitológicos,  recorridos de especial valor para la observación de las aves,  … Algunos por  lugares emblemáticos de La Ribera como  Bonaval, los Enebrales y lagunas de Beleña.

Los contenidos ornitológicos, los conocimientos y pedagogía del profesorado, la organización del curso, la bibliografía, la cualificación y calidad humana de los asistentes, … y hasta las instalaciones,   han conformado unas jornadas que han entusiasmado a todos (incluido el propietario de la casa que protejo y guardo).

Ahora el reto es poner en valor estos conocimientos en cada territorio, dedicándole ilusión y tiempo, para conseguir los objetivos. ¡A ello nos pondremos!

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Pleitos de Tamajón con La Mesta

Aunque hubo algunas industrias (curtido en Las Tenerías, junto a la fuente gótica y un taller de tintes del que Doña Juana de Valencia dona la mitad a su sobrina Beatriz en 1.516) la economía de Tamajón  se sustentaba en su gran cabaña ganadera, al amparo de la exención de portazgo.

El Señor de la villa  era el propietario de la mayoría de los rebaños y mantenía una legión mayorales, rabadanes, pastores y zagales que defendían sus intereses con furor (formaban un grupo de privilegiados). Los pleitos con La Mesta fueron frecuentes; destacamos estos:

  • 1.489-X-4 : Sentencia que ordena a Nicolas de Valencia, portazguero de Tamajon que permita el libre paso del ganado de la Mesta.
  • 1.582: Pleito porque los alcaldes de la villa penalizan con 60 maravedíes por día y 120 por noche cuando los ganados salen de la cañada y entran en los pastos.  La sentencia establece que Tamajon cubre las costas, devuelve lo cobrado y paga una multa de 60 maravedíes por cada día.
  • 1.582: La Mesta pleitea con el concejo por roturar el “EL ABADIAL” que es de pastos. La  sentencia dicta que dejen de pastos 8 fanegas y les impone una multa.  Roturado de los lugares “LA HOZ y LA TEJERA”, propiedad de La Mesta; los jueces ordenan que vuelvan a pastos y condenan a Tamajón a 10.000 maravedíes.

Desconocemos si esta sentencia ejemplar provocó el fin de estos pleitos, pero no hemos hallado ninguno de fecha posterior.

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Las vagonetas del Vado

Durante la construcción del Vado, para llevar la piedra desde la cantera hasta la presa se construyó un tendido férreo de vía estrecha, por el que circulaban vagonetas.

La estación origen se situaba en las misma cantera; los raíles pasaban junto a la caseta y se dirigían a la cuesta negra (se identifica por una caseta en lo alto, el antiguo polvorín), que salvaba mediante un túnel. Luego seguía de frente, salvando unas rocas por un pequeño desfiladero tallado y terminaba  en medio del pinar, justo cuando el desnivel del terreno hacía imposible su continuidad.

Esta estación coincidía con una estructura de hormigón, de 15 metros de altura, que mira a otra similar en la presa. Entre ambas, dos cables de acero, capaces de soportar las vagonetas que circulaban colgadas al aire. Por la derecha, cargadas de piedra, por la izquierda regresaban vacías. ¡Un teleférico en mitad del pinar, con más de 1,5 kilómetro!

El camino de servicio transcurría paralelo a los raíles: es el “camino de las vagonetas”, ruta de senderismo ya documentada en la guía de La Ribera. Una cuadrilla de trabajadores atendía el servicio y daba mantenimiento a estas infraestructuras. Se alojaban en unas casitas de pizarra, a pocos metros de la estación aérea.  Hoy las instalaciones están abandonadas. 

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Primeras lluvias de otoño

¡Por fin llegó la lluvia a La Ribera! El 22 de octubre, sábado, cayeron las primeras aguas de este otoño seco. En la misma semana hemos tenido severas heladas que se han cargado lo que quedaba de huertos (aquí aún estábamos comiendo tomates, pimientos, berenjenas, melones, …) y frutales (manzanas, membrillos,…)

Algunos creen que el otoño puede enderezarse:  si continua lloviendo, todavía hay tiempo para que salgan setas y níscalos. Otros dicen que el frío no les dejará salir. Pero lo cierto es que deberá caer mucha agua para que en los campos veamos algo más que color.

Las fotos tomadas ese día reafirman este comentario. Y si no observen.  

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Bellotas en la cocina

Los historiadores Enrique García Gómez y Juan Pereira Sieso realizaron un brillante trabajo sobre las bellotas en Castilla La Mancha, del que extraemos datos muy interesantes:

Al poeta griego  Hesiodo (siglo VII a.c.) cabe el honor de haber citado por primera vez la bellota como  alimento. Herodoto explica dos siglos después que el consumo de bellotas era habitual en la Arcadia clásica.  De la bellota en Iberia habla el historiador romano Estrabón en su Geografía (siglo I a.c.): “en las tres cuartas partes del año, los montañeses no se nutren sino de bellotas, que secas y trituradas se muelen para hacer pan, el cual puede guardarse durante mucho tiempo”.  Plinio el viejo lo ratifica un siglo después, y detalla  que se sirven como segundo plato.

Desde entonces las bellotas han sido un alimento muy socorrido en época de hambrunas. Se han consumido crudas, asadas y cocidas con anís o leche. Secas se convertían en harina para hacer pan, sola y/o mezclada con algo de harina de trigo; también se cocinaban  puches (gachas dulces) y si estaban tostadas, gachas.  Y de postre turrón del pobre, higo seco con una bellota en su interior.

Pero fue en la posguerra cuando la bellota se convirtió en un alimento básico. Servían para las tortillas españolas (sustituyendo la patata), para preparar un sucedáneo del café (tostadas y molidas), y hasta se conseguía aceite (machacadas y cocidas, el aceitillo flotaba  en el agua y se recogía con cuchara). En la actualidad el famoso cocinero manchego Abraham García elabora en su restaurante madrileño la tostada de bellotas, asadas y picaditas, rociadas con un chorreón de aceite de los Montes de Toledo.

En La Ribera no se dieron algunos de estos usos; aquí el hambre no apretó ya que la tierra estuvo muy repartida.  ¡Un respeto por la bellota!

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La exención de portazgo de Tamajón

Para situar en su contexto la importancia de Tamajón y  su privilegio,  recordemos que La Mesta fue creada en 1.273 por Alfonso X el Sabio y que durante cuatro siglos fue  motor de la economía de Castilla. Conviene saber que la cañada real (con descansadero en las lagunas de Beleña) se comunica con Tamajón por el cordel de las merinas.

La exención de portazgo fue otorgada por su hijo, Sancho IV el 10 de marzo de 1.289, en el  documento donde se cita el Señorío de Tamajón (el original se expone en el mercado medieval cada año):

“… et quierolos que no den portadgo en ningun logar de los mios  regnos todos, por ninguna de las cosas que troxeren saluo en Toledo, et en Sevilla et en Murcia. …Ca cualquier que esto passasse pecharme yan en pena mill  maravedises de moneda nueva y a los de Tamaion, a los que su boz touiesse todo el danno que, por ende, recibiesen doblado….”

La importancia de Tamajón en la Edad Media (recordemos que Alfonso X le otorgó en 1.259 derecho de mercado) y en el siglo XVI (la familia Mendoza era Señora de Tamajón) explica que fuera ratificado por todos  los reyes de Castilla durante el primer año de su reinado. El 15 de abril de 1.480 lo hicieron los Reyes Católicos y el último, Felipe IV, lo hizo en Madrid el 23 de enero de 1.622.

Fueron muchos los conflictos que originó la exención de portazgo. Son famosos el que enfrentaron a Tamajón con el Concejo de Roa por unas sogas (muy documentado en el Archivo Histórico Nacional), con el Concejo de Ayllón por los pastos (duró 400 años) o con la Mesta,  que ya contaremos.

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La cantera del Vado

Las canteras de Tamajón han gozado siempre de justa fama por la calidad y belleza de sus calizas. Sus sillares adornan las fachadas del Palacio del Infantado (Guadalajara), la Universidad de Alcalá de Henares, …

Pero cuando se afrontó la construcción de la presa del Vado, se buscó una cantera con valores más prácticos: facilidad de extracción,  buen acceso, cercanía, transporte, abundancia, …Y se encontró a un kilómetro del pueblo y algo más de tres de la presa.

Durante más de dos décadas la cantera estuvo activa y de aquí se extrajo la piedra para la construcción inicial, del segundo aliviadero, de  las obras del canal del Sorbe y del Jarama,… Por eso, a pesar del tiempo que lleva abandonada, presenta tan buen aspecto.

Se accede a ella desde el camino olvidado (GR-10) que une Tamajón con Retiendas.  La cantera y las construcciones próximas para el transporte de la piedra (lo contaremos ) merecen una visita.

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De bellotas y encinas

La Ribera disfruta de encinares frondosos en Tamajón, La Mierla, Valdepeñas, Puebla de Valles … Abundan los encinas aisladas, ó en pequeños grupos, rodeadas de quejigos, robles, melojos y cereales. Pero hablemos de bellotas, que ahora es tiempo de cogerlas y degustarlas (las dulces, de forma redondeada, avellanadas).

Tras el cambio climático originado por la retirada de los hielos, en el Holoceno (10.000 años a.c.) proliferaron en la cuenca mediterránea grandes encinares, especialmente en Hispania por las características de su clima. Pronto sus frutos fueron utilizados por el hombre, allá por la Edad del Bronce (2.000 años a.c.).

En Castilla La Mancha  se han encontrado restos de bellotas, peladas en vasijas (almacenadas como alimento), mezcladas con cereales (mijo y trigo) y carbonizadas (cocinadas). Han aparecido en altares (ofrenda a los dioses) y en necrópolis mezclada con restos orgánicos (ofrenda funeraria) así como fosilizadas en excrementos del ganado (pienso).

¿Y por qué cuento todo esto?  Quizás para que cuando veas una bellota redonda dulce colgada de una encina, no la desprecies y la pruebes. ¡Estarás degustando un manjar propio de dioses!

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Molinos en la posguerra

Casi el final de la guerra civil y ante la escasez de trigo, un decreto obligó a todos los fabricantes a obtener harinas integrales (nacía el pan negro). En marzo 1.939 se creó la Comisaría General de Abastecimientos y Transportes, cuyas funciones eran obtener, comprar y distribuir alimentos de primera necesidad (como el trigo)  entre la población. Dos meses después nació la cartilla de racionamiento y el estraperlo.

El 30 junio 1.941 se cerraron los molinos y se prohibió que operaran, so pena de fuertes sanciones. Solo podían hacerlo  algunos bajo estricto control del Servicio Nacional del Trigo.  Pero el estraperlo y la demanda de pan blanco (y harina), aguzó el ingenio de los molineros.

Algunos molinos pequeños y aislados trabajaban clandestinamente, previa petición. Los más utilizados eran de balsa, que el molinero empezaba a llenar al anochecer para no despertar sospechas. Los clientes acudían con 2/3/4 fanegas de trigo (41 kgs) y aguardaban junto a la lumbre a que todo estuviese dispuesto.

La balsa tenía varios aliviaderos que desaguaban según la molienda de esa noche. En cada uno se colocaba un cencerro (del ganado), de diferente tono, que avisaba cuando la balsa estaba a punto. Entonces, clientes y molinero se ponían a la faena para acabar antes del amanecer, ya que había que dejar vacía la balsa, y la maquinaria limpia. No solo para borrar huellas sino porque se desconocía la fecha de la siguiente molienda.

A pesar de las precauciones, no era extraño que la pareja de la Guardia Civil conociera el hecho y recibiera un poco de harina por su silencio (ellos también pasaban hambre). Como en La Ribera los molinos estaban aislados y sólo había cuartel en Tamajón (con poco personal), esta situación se produjo con frecuencia. ¡Y queríamos contarlo!

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